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¿Alguna vez has pensado en desaparecer?

Puede que sólo sea la hora de sacar la melancolía a dar un paseo, y por eso, estas conclusiones de medianoche.
Hay días buenos, días malos y días peores. 
Están esos días, en los que sientes que no debes levantarte de la cama porque algo malo va a pasar. 
Esos son los días malos.
Los días peores empiezan igual que los malos, como era de esperar, pero lo que les diferencia, es que no se quedan en una sensación, si no que al emprender la aventura hacia ese nuevo día, cada vez te arrepientes más de haberlo hecho, y todas esas intuiciones resultan ser ciertas.
No existen los días mejores, puesto que en nuestro recuerdo no serán más que días buenos. En el momento sí, fueron los mejores días de nuestra vida, pero eso no sirve de nada.
Vivimos de recuerdos y esperanzas.
Puede que sea cierto, y que realmente no seamos más que el vago recuerdo de alguien que nos pensó primero, que nos recuerda, o que tenga la esperanza de que en el día de mañana nos crucemos en la calle.
Puede que mi vida esté basada en tristes suposiciones que no me llevan a ninguna parte. Puede que el vago recuerdo de mi imagen en tu mente no sea suficiente para que sigas aquí. 
Puede que sólo quiera desaparecer, y pensar que es lo que pasaría si no estuviera viviendo esta insignificante vida que me ha llevado a plantearme siquiera el qué pasaría si no vagara por este mundo. 
¿Realmente tengo una función en esta sociedad?
Cada vez pienso más a menudo en mi contingencia.
Un ser con la capacidad nula de ser necesitado por otras personas no puede ser importante para el desarrollo humano.
Hasta que por fin alguien reclame mi atención y me haga llevar a cabo la función que me es propia, y entonces, esas ganas de desvanecerme bajo el tupido velo de la noche, quizá también se desvanezcan.
O simplemente, puede que no.


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