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VEN.

¿Por qué permitimos no estar juntas
cada noche en la que vivimos?
¿Por qué he de conformarme
con mirar la lluvia por la ventana
pudiendo sentirla entre tus piernas?
Echo de menos tu cuerpo sobre el mío.
no me gusta tener que recordar
como se siente tu aliento en mi cuello
en lugar de sentirlo realmente,
no sólo en mi cuello,
sino recorriendo cada centímetro de mi piel,
de mi boca. De mi cuerpo, en general.

No hay cosa que más odie que
sentirme vulnerable cuando me rozas
y mi piel se eriza según tus dedos avanzan por mi brazo,
dejando al descubierto todas mis intenciones,
todos mis deseos.
Haciendo que mi supuesta impavidez
desaparezca ante tus ojos,
ante tu mente.
Y decirte que lo que realmente quiero es que
tires de mi cinturón y me empotres contra una pared
 y bajo ningún concepto me permitas separarme de ti
más que para respirar, quizás suena demasiado obsceno.

Y cuando nos miramos a los ojos
lo demás no importa.
Porque en nuestra burbuja
sólo somos dos, y el resto desaparece.



Y sólo entonces no me importa decirte lo mucho que te quiero.

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