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Tormenta

Somos
como la tormenta que precede a la calma.
Y no hay forma de hacer que estemos tranquilas.
A nuestro alrededor llueve a todas horas...
Antes corría a refugiarme bajo el soportal más cercano.
Después te buscaba para evitar que te mojaras.
Ahora, me gusta mojarme.
Y no hablo de la lluvia... sino de ti.

Me gusta que te mojes conmigo
y mojarme contigo.
Pero ya no puedo compararlo con mojarnos
y sentir directamente tu calor en contacto con el mio.
Es una de las cosas que me desconcentran ahora mismo.
Y no sólo me desconcentra, agita mi corazón, 
como si de esa noche se tratara,
y yo no tuviera manos con las que agarrarte,
y tu no hicieras más que mover tu cuerpo semidesnudo
encima del mío,
secando mi garganta, quebrando mi voz.

Y vuelvo en mí y tu no estás aquí.
Y la tormenta ha pasado.
Y entonces no sé que hacer.
Te busco por los rincones de mi habitación,
por las paredes en las que estuvimos,
por mi cama, ahora vacía...
y encuentro de todo.....
MENOS CALMA.



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