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Peluche y bebida.

Esta es la historia de una luchadora. De una personita, de no más de metro y medio, que es capaz de cualquier cosa por mantenerme a su lado.  De lo que más quiero, y de lo que más valoro.
Es la historia de unas lágrimas, y una risa, o de una risa que hace saltar lágrimas. De una moto y un coche, e incluso, de un sofá y una cama.
Es el recuerdo de una piel erizada al contacto de unas manos aventureras, un suspiro de placer al roce de unos labios que buscan ese beso que Wendy escondía, y que en realidad, aun sabiendo donde se esconde prefieren dar doscientos a tientas comprobando lo que provocan antes que alcanzar sin dudar la comisura de los labios.
Es un escalofrío, piel de gallina, pinchazos en el estómago y marcas en la piel. Es distancia y a la vez más que simple contacto de pieles que se conocen.
Pero sobre todo, es espontaneidad, a la vez que una mente calculadora, capaz de trazar el mejor plan jamás inventado.
Es el más recatado pudor y el más desvergonzado descaro a la vez, es una rosa, una flor, que si no tienes cuidado pincha como la que más, es lo contrario del sol y la luna, caliente de noche, fría a la luz del día.
Es salvaje a la vez que sosegada, es la tormenta y la calma al mismo tiempo.
Es la más tranquila de la manada, y al mismo tiempo la más zorra. La que se bebe todo el agua y luego sale airosa. La que tiene cara de no haber roto un plato en su vida, y que a espaldas del mundo rompe vajillas entre risas.
Es una bomba en potencia, y a la vez mi acto. Es mi presente, que ya ha marcado mi pasado, y que sin duda, dejará huella en mi futuro.
Como decirlo..... es ese peluche que un día aparece en tu cama, y crees que siempre será tuyo, con la diferencia, de que de noche, olvida los juegos de niños y es capaz de cubrir sus actos bajo dos rombos rojos.


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