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¿Regalo?

Dices que eres la chica más afortunada del mundo, no por haber ganado la lotería.. sino por tenerme a mí. Yo creo que la afortunada soy yo. 

Yo no dejo de ser una idiota borde más, que lo único que sabe hacer es sacarte una sonrisa. Tú eres todo lo demás. Eres el calor del invierno, el frescor del verano. Eres como una mariposa en esos besos que me das, como una serpiente cada vez que me enganchas con tus brazos, y como el cielo cada vez que clavas tu mirada en mi. Eres como un niño pequeño buscando algún tesoro enredando tus dedos en mi pelo. Eres la calma y la tormenta.

Si eres todo eso, no cuadra que me niegue a compartir mi vida contigo cada vez que me lo pides. Y realmente cada vez me cuesta más negarme. Siempre digo que los para siempre no existen, y poco a poco me voy dando cuenta de que no es que no existan... es que nadie hasta ahora me los había enseñado. Algún día, si te lo montas bien, puede que sea tu regalo, aunque seré tu regalo para mí, porque no habrá nada mejor que estar a tu lado. 

Pero recuerda, que eso será algún día. Y no tienes que dejar de intentarlo.

Tenía siete mares y te elegí a ti

Hace tiempo que solo 
soy capitana de un mar.

Hace tiempo que no sueño por serlo 
de grandes océanos desconocidos 
y fuera de mis dominios.

Descubrí que soy más feliz 
atando mis cabos a tu cintura,
y dejando que fueran tus corrientes
las que guiaran mis rumbos,
que emprendiendo 
mil aventuras inundadas en ron
que no sabían como tu lo haces.

Y es que yo soy chica de whisky y cerveza,
y ningún tonel lleno de vino
podrá convencerme jamás 
de que perderme en una isla desierta
puede ser algo bueno si tú no estás en ella.

Sin embargo,
no fue fácil acostumbrarse a la estrechez de tu cuerpo,
y es que aprendí a surcar las arenas de tu espalda
antes que a navegar en tus aguas...
Y me enamoré de ellas
mirándolas amanecer y atardecer 
desde la orilla.

Que ningún marinero 
nace enamorado de su mar 
sin conocerla primero; 
y yo, que no quise ser menos,
esperé a que fuera tu marea
la que subiera hasta inundarme 
y hacerme náufraga lejos de la costa.

Y dejarme arrastrar fue demasiado fácil,
casi tanto como sobrevivir 
sobre el barco en el que voy,
moviéndome solo con tu voz y tus manos,
que son las que marcan
 mis subidas y bajadas sobre las olas,
para no alcanzar jamás otros puertos
que no sean los que bañen tus aguas,
que yo solo quiero vivir de tu fluir,
 y que nadie más gobierne tus aguas.