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Rutina

Vivimos sometidos al yugo de la rutina: suena el despertador, miras el móvil, te levantas, vas a clase, comes vuelves... fin de semana, vuelve a sonar el despertador... y así día tras día. 

Lo bueno es que hay tiempos de paz, en los que puedes no levantarte, y vivir al abrigo de un edredón las 24 horas del día. Días en los que nada te sacaría de la cama... y aquí es donde apareces tú.

Podría estar aquí metida los 20 días de vacaciones, y sin embargo un "¿qué hacemos?" saliendo de tu garganta puede llevarme a cualquier sitio, o hacer que tú vengas aquí. Dejaría el calor de mi cama en cualquier rincón olvidada si haciéndolo ganara el de tus brazos en las mismas cantidades.

Pero al final solo me viene a la cabeza la idea de hacerte mi rutina: escuchar el despertador, acariciarte la espalda, darte los buenos días, ir a clase, comer contigo, darte las buenas noches... pasar los fines de semana contigo... y así día tras día.


No quiero que seas un poco de frescor en mis días, quiero que tú seas mi vida. Escucharte en todas las canciones, y verte allá donde voy, a veces, no es suficiente. Quiero que mi vida huela a ti, que sepa, como lo hace tu cuello y sobre todo, que me alivie como sólo tus dedos saben hacerlo.