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A la mierda.

A la mierda los castillos en el aire. Yo quiero los míos plantados en el suelo para poder sentir ese momento en el que todo con lo que soñaba queda suspendido en el aire durante unos segundos. Y entonces tengo que decidir si soplar para que se desvanezcan o aferrarme a ellos para que vuelvan donde estaban.

Y un día te das cuenta que todo lo que has construido para tu futuro no lo has hecho a solas ni pensando sólo en ti. Y cuando tienes que elegir si echarlo todo a perder o lanzar una cuerda para atar todos tus cabos, te das cuenta de que hay dos tijeras y una sola cuerda, y que con que una de las dos se decida a usar la suya, todo se irá a la mierda.

No tengo ningún derecho a pedirte que tires las tuyas por la ventana, pero sí la capacidad de tirar mis tijeras al cubo de la basura y quedarme con el futuro en mis manos, y aunque pueda parecer que a veces están vacía, yo noto cómo se van llenando un poco más cada día que paso contigo.

No sé donde puse mis ganas de cortarnos, pero de momento no tengo imtención de encontrarlas, ni siquiera por mucho que mis muñecas me griten que pueda parar de dejar crecer a nuestros sueños. Me gusta más volverlas la espalda y recibir cien latigazos a ver cómo se derrumban los cimientos de todo lo que he(mos) construido en cuatrocientos cinco días de sollozos y quebramientos de cabezas.